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Tríada Buen Pastor

Madera de olivo

Se trata de un icono “en tres tiempos”, es decir, de una tríada en la que se representan tres escenas autónomas con un mismo hilo conductor. El soporte desde donde emergen lo conforman tres rodajas de madera olivo, esa madera que Jesucristo olió cuando experimentó la lucha interior al vislumbrar la Pasión. Entregarse por entero cuesta la vida. Que un pastor dé la vida por sus ovejas, también.

Después de meses de oración fue cobrando forma cada imagen en un laborioso y consolador proceso de purificación (lijado de la madera y del estuco), por un lado, e iluminación, por otro, a través de la luz de los colores propia de los pigmentos naturales, y a la colocación del oro en el nimbo para significar la divinidad. El oro es muy apreciado por tratarse de un metal precioso que no se oxida y remite a lo eterno y a la realeza, lo que quiere decir que lo que ahí aparece pertenece a la esfera donde reina Dios. Esta es la razón por la que en el nimbo hay inscritas tres letras griegas (O WN) que significan “El que es”, el nombre que Yahveh le dijo a Moisés junto a la Zarza ardiendo (Ex 3,14).

En las tres imágenes de un solo icono –el Buen Pastor—aparece el Señor con el manto azul –que remite a la realidad terrestre, a la humanidad–, y la túnica roja –que representa la divinidad y la pasión. Y en el reverso de cada imagen está escrita la frase que ha inspirado su representación:

Imagen 1: “Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días” (Sl 23,6).

Un versículo que sirve para hacer memoria del salmo completo: “El Señor es mi pastor nada me falta…” El Señor está conmigo, incluso en los lugares más recónditos y oscuros. Allí, me abraza, y se arrodilla; me pone contra su mejilla: “Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para él como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer” (Os 11,4). En ese encuentro, con esa caricia del abrazo, aparece una alegría inmensa por estar juntos, la oveja y el Señor.

Imagen 2: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque sé que Tú vas conmigo” (Sl 23,4).

Y de nuevo el Buen Pastor… con Él, “nada me falta”. Ni siquiera en los momentos en los que parece todo perdido, donde lo único que se ve es el precipicio, el sinsentido, el vacío, el Señor nos abandona. Él es el Goel, el Rescatador, el Salvador. Remueve cielo y tierra, atraviesa valles y montañas solo para encontrarnos. Él vino al mundo para rescatar a la humanidad… pero para venir le habría bastado que una sola alma le necesitara: “deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla” (Lc 15,4).

Imagen 3: “Cuando la encuentra la pone contento sobre sus hombros” (Lc 15,5).

“Alegraos conmigo…”. Jesús carga sobre sí a la oveja. Nos lleva sobre sus hombros. Es el momento de descansar en Él. “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados…” (Mt 11,25-30). En esta imagen, Jesús mira a quien le mira. Está a la espera de comunicarse silenciosamente con aquel que quiera pararse a contemplar y ser contemplado.

La elaboración de los iconos, aún siguiendo a los clásicos y respetando las pautas de la tradición teológica y espiritual requiere de la técnica de la iluminación y de la experiencia del Encuentro.