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“La conversación espiritual”

Madera de aliso

1 – La madera

La elección de la madera forma parte de la búsqueda espiritual y de la contemplación. El tacto, el color, el olor… La madera es el soporte que aloja la imagen que se va a representar y de la que ella misma forma parte.

2 – El diseño

El diseño conjuga lo que brota en el corazón del iconógrafo al contemplar el Misterio a partir de la escucha de la Sagrada Escritura, de las personas a las que está dedicado el icono, de la naturaleza que lleva el sello de su Creador, y por tanto, de la pieza de madera.

3 – Comenzar a tallar

La densidad de la madera, las gubias, las virutas, la habilidad para no romper y mantener el diseño siempre abierto a lo que la madera te va diciendo y señalando.

Y convertir cada golpe en oración.

4 – Atención al detalle

En la talla hay siempre dos partes. Una “gruesa”, de desbastado y de trazar las líneas básicas. Y otra “fina”, de adentrarse en los detalles que hay que tener en cuenta desde el principio.

La vida está hecha de pilares, proyectos y líneas de fuerza combinadas con multitud de detalles que dan sentido y belleza a las cosas.

5 – El marco

El marco guarnece y ciñe el icono. Tenía que ser un arco –estilo románico– a modo de ventana por la que asomarse a contemplar la intimidad en la que sucede la conversación entre María y José.

6 – El icono

La composición del icono, siguiendo los pasos de una de las tradiciones más antiguas de la Iglesia, representa la conversación entre María y José.

María, con su mano izquierda apoyada suavemente en su vientre, señala al Hijo que lleva en las entrañas; con la derecha, apunta al corazón de José (para que lo reciba en lo más hondo de su ser). José, dirige su mano izquierda hacia los ojos de María quien, a su vez, se encuentra en los ojos de José que la miran. Están comunicándose profundamente y, sin embargo, sus labios están cerrados. La mirada, la dirección, los corazones acompasados, la presencia “oculta” del Hijo… todo hace posible el encuentro.

El icono lleva el nombre de los dos esposos: María, que significa “Señora” y “Lugar de encuentro con Dios”; y José, es decir, “Yahveh añada”. José es aquel que añade. Como decía Erri de Luca “este debería ser el título de todo aquel que viene al mundo, y ya con su sola presencia acrecienta la humanidad con una inmensidad nueva, riqueza de una vida más que viene a reforzar las energías que luchan contra la muerte. Se necesitan muchos Yosef en cada generación”.

Y como José era carpintero y sabía de árboles, gubias y cortes, el soporte de madera había que trabajarlo a mano, de forma artesanal, aunque el acabado esté lleno de imperfecciones. Pero cada “golpe” de maza lleva la marca de la oración.