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Opiniones

Quedar o salir

By 25 de septiembre de 2023No Comments

– “Vaya rollo de fin de semana, sin salir”.

–“¡Pero si has salido los tres días!”— responde, atónita, la madre.

–“Eso no es salir. Salir es ir a la discoteca y llegar a casa a las siete y solo he quedado ayer para ir al cine, el viernes quedamos para ir de tapas y hoy he estado en casa de un amigo…”

Esta escena familiar que se repite más veces de las que los padres quisieran, refleja la dificultad para comprendernos unos a otros. Está claro que hablando no siempre se entiende la gente. Menos aún cuando a unos les toca poner límites y a otros, respetarlos.

Los jóvenes incorporan nuevos sentidos a las palabras para desmarcarse del modo de entender la realidad que han heredado. Ellos piensan que están descubriendo algo nuevo y que necesitan expresiones acordes a sus experiencias; sus padres, que las cosas son como son y que cambiar las palabras es una forma alternativa de decir lo de siempre. Pero nadie está libre de caer en algunas tentaciones: los jóvenes, porque con mayor o menor fortuna, utilizan a veces el lenguaje para salirse con la suya (estudiar menos y salir un poco más); los padres, porque en ocasiones se escudan en los significados ajustados al diccionario (o de toda la vida), para no escuchar los cambios más profundos que hay detrás de lo que ellos dicen.

En la era de la comunicación, las palabras importan. Es evidente que el problema no está en la creatividad –es asombrosa la capacidad para fraguar expresiones nuevas– sino en la visión de la vida de cada uno. Porque la cuestión no está en inventar vocablos sin más, sino en explorar giros y términos que designen adecuadamente la realidad. Está en nuestras manos que las palabras transmitan la verdad y nos acerquen a ella. El Génesis cuenta cómo Yahveh puso al hombre delante de los seres vivientes para que los llamara (Gn 2,19-20). Un relato que nos recuerda algo importante: que el mundo no lo creamos nosotros, sino que lo recibimos; nuestra tarea, por tanto, no es fantasear o adaptarlo a nuestros intereses, sino poner nombre a las realidades importantes para transmitir lo que son (no lo que nos interesa que sean). Nos resulta difícil porque es un acto que tiene algo de sagrado y mucho de responsabilidad. Y eso cuesta, pues para hacerlo bien, primero hay que escuchar.

 

María Dolores López Guzmán

Publicado en R21

Abril 2019