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Opiniones

Lentes progresivas

By 25 de septiembre de 2023No Comments

Increíble sensación la de encontrarse en esa edad que se antojaba lejana y que pertenecía a otros (padres, abuelos o tíos). Siempre hay cosas que parece que solo les suceden a los demás hasta que, sin apenas darse uno cuenta, se topa con ellas. Ahora resulta que la madre soy yo, e incluso se vislumbra la posibilidad de ser abuela. Resulta chocante por esa sensación de que la mente y el cuerpo no siempre van acompasados. Robert Redford, uno de los galanes oficiales de Hollywood ha anunciado su retirada porque –según ha declarado– aunque en su mente se siente de treinta, su cuerpo le recuerda que ha pasado los ochenta. ¿Pero sería tan malo pensar como uno de ochenta, es decir, en conformidad con la edad que uno tiene, sea la que sea? Ser joven maduro está bien visto, al igual que ser viejo con espíritu joven. ¿Pero sería tan malo vivir en el momento que nos corresponde?

Una de las ventajas de crecer y sumar años es poder mirar desde otra perspectiva lo que ha conformado nuestra vida. Recordar el pasado puede sumergirnos en la nostalgia, es verdad; pero también existe la posibilidad de descubrir el valor de cosas que habíamos pasado por alto, que enriquecen nuestra perspectiva y amplían la visión. Las gafas progresivas a las que cuesta adaptarse, también las necesitamos para ver mejor nuestra historia y nuestro mundo interior. Es importante tener unas lentes buenas –la marca “evangelio” es la mejor– con las que no perdamos el enfoque cuando detenemos los ojos en distintos lugares. Hay momentos que merece la pena redescubrir para no olvidar: aquella mirada de la madre que acompañaba mientras una se alejaba de casa distraída; el beso sonoro de los abuelos al ir a visitarlos que tanta rabia daba y que ahora se añora; el olor a tomillo del campo en la subida al monte con las hermanas, y sobre todo, esas miradas cálidas y penetrantes de gente querida que sin decir nada lo decían todo. Avivar la memoria de los gestos imperceptibles es fundamental. Educaríamos mejor a nuestros hijos y nietos –acorralados por tanto ruido, imágenes y palabrerías– si los enseñamos a detenerse en detalles significativos. Y en esto, la edad es un grado: por acumulación de historias, y porque la pérdida de vigor nos ayuda a fijarnos en aquellos instantes que parecían anecdóticos pero eran verdaderamente importantes.

 

María Dolores López Guzmán

Publicado en R21

Marzo 2019