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“María, Casa del Pan”

Madera de abedul

María encinta. El Hijo ha tomado la humanidad a través de ella. Por eso la túnica de la Virgen, pegada al cuerpo, es de color azul (símbolo de la humanidad), mientras que el manto es rojo (símbolo de la divinidad, en la que queda envuelta María como Madre de Dios). Y en el manto, las tres estrellas con un doble significado: la triple virginidad (antes, durante y después del parto; y la presencia de la Trinidad que está con ella.

El rostro de María tiene una expresión serena con un halo de tristeza (anuncio de lo que le ocurrirá a su Hijo, tal y como le dijo Simeón: ¡y a ti una espada te atravesará el alma!, Lc 2,35).

La mano sobre el vientre nos indica dónde mirar, porque ahí está el Hijo aunque nuestros ojos no lo vean. Pero también nos dirige la mirada hacia el vino (anuncio este último de la sangre que va a derramar). María, porta los dones de la Eucaristía: el pan, y el vino, y aunque dará a luz en Belén (que significa “casa del pan”) su propio cuerpo se ha convertido en la Casa del Pan bajado del Cielo que es Jesús.