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El discípulo amado

Madera: raíz de arce

Jesús acoge suavemente, junto al corazón, al discípulo amado. La Tradición lo ha reconocido como el apóstol Juan que bajo ese nombre –”el amado”–, representa a todos los que quieran seguir al Señor y descansar en su regazo.

De la intimidad con el Señor brota la fortaleza para el seguimiento. Por eso el soporte es la raíz de un tronco de arce. Porque le relación personal con Jesucristo es “troncal” para la fe. Y de la seguridad en que gracias a su amor se ha unido a nosotros radicalmente, nace la alegría y el consuelo. Por eso el icono está acompañado por las palabras del profeta Oseas (en hebreo original) que significan: “Yo te desposaré conmigo para siempre” (Os 2,21). Esa unión queda bajo las “alas” de Dios, por eso todo el fondo del icono es dorado –realizado en oro fino– que transmite la Luz inmaterial, la que es eterna y procede de Dios.

Jesús está inclinado hacia el discípulo, acogiéndolo con ternura, recordándonos que podemos descansar en Él porque es el Señor: la mano derecha, en postura de bendición, recuerda su naturaleza humana y divina (representadas en los dos dedos, anular e índice), y la pertenencia a la Trinidad (los otros dedos unidos por la punta de las yemas).

El discípulo amado lleva la túnica y el manto de color verde. Un color que aparece con frecuencia ligado al Espíritu Santo. Cuando el discípulo está cerca de su Señor queda envuelto por la Gracia del Espíritu.