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“Cristo Salvador del mundo”

Madera de abedul

El rostro de Cristo es el rostro esencial; aquel al que debemos parecernos. Por eso el camino espiritual es un proceso de cristificación.

En este icono el rostro aparece sobre un fondo de oro fino, que representa la realeza (Nuestro Señor es el Rey del universo), y que remite a lo imperecedero (porque es un metal precioso que no se oxida). Pero también representa la Luz increada (pues no existe ningún otro material que la transmita mejor). Donde Dios está presente no hay sombras, todo queda iluminado.

Un icono es una ventana abierta al Misterio que nos invita a dialogar con lo representado. En este caso, El Señor es el que se asoma primero y viene hacia nosotros (por eso el canto del icono está también pintado y dorado). El Señor “se sale”, se adelanta para venir.

Santa Teresa de Jesús decía que es importan mirar al que nos mira. Por eso los ojos del icono son penetrantes y se encuentran con los del orante esté donde esté. Con los ojos nos dice que está con nosotros, y eso es un valor seguro. Por eso nos salva.