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Opiniones

La habitación de los hijos

By 23 de agosto de 2023No Comments

Parece mentira; pero el tiempo de la ausencia llega. Cuando se abraza a los hijos por primera vez se tiene la sensación de que han venido para quedarse; y en parte es así. La vida ha quedado unida a ellos y el corazón anda siempre ocupado pensando en ayudarles para que sean capaces de afrontar los acontecimientos que les tocará vivir. La educación es tan exigente que muchas veces se sueña con el momento en que se vayan de casa para poder descansar al fin. Pero los planes no suelen salir según lo previsto. Porque cuando ya no están, comienza la añoranza y otro tipo de preocupación, y en cada día se encuentran motivos para acordarse de ellos: que si cuánto le gustaría esto al mayor, que si este lugar le encantaría al otro, que la próxima vez habrá que venir con ellos… 

Se van. Se tienen que ir. A veces de forma dramática; otras, porque “el crecimiento obliga”. En cualquier caso, ley de vida. Los campamentos de verano o la casa de los tíos son un buen entrenamiento para aprender a seguir unidos estando separados. Los hijos no son una propiedad ni una inversión con devolución de intereses. Están hechos para vivir y dar su vida preferencialmente a otros. 

Nos queda su habitación. Y no precisamente vacía. Lugar de peleas –porque la cama estaba sin hacer, la ropa revuelta “de aquella manera”, la mesa desordenada imposible para estudiar–, pero también de conversaciones profundas a pie de cama. Y de oración. 

Aquellos conflictos cotidianos que tan mal ambiente creaban dejan con el tiempo otro sabor. El de un “nosotros” único. Un aire de familia propio del que están impregnadas las paredes de la habitación. En ellas no solo cuelgan las fotos en las que solemos poner nuestra mejor cara, sino también los momentos menos buenos que, sin embargo, forman parte de una historia común. Las ausencias, aunque a veces duelan, ayudan a ver mejor todo lo que se ha compartido, el vínculo generado a golpe de tensiones y de reconciliación. 

También Jesús se marchó de su casa de Nazaret, aquella donde pasó su niñez y parte de su juventud. Probablemente los mejores años de su vida. Donde su madre empezó a guardar recuerdos de su habitación que la hicieron comprender mejor toda una historia llena de bendición.

María Dolores López Guzmán

Publicado en R21

Junio 2018