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Opiniones

Imprevisible cotidianidad

By 23 de agosto de 2023No Comments

“Esta semana se me presenta tranquila; a ver si puedo descansar y terminar por fin algunas tareas pendientes”. Una ilusión a la que nos aferramos pensando que alguna vez será posible realizar esos planes a los que nos resistimos a renunciar. Sin embargo, lo habitual es que se vayan postergando una y otra vez a causa de los imprevistos que aparecen cada día y que nos impiden ordenar la vida a nuestro gusto. Conseguir un tiempo suficientemente despejado en el que podamos tachar de la agenda los asuntos aplazados crónicamente se antoja un sueño inalcanzable. Los hijos con sus necesidades y demandas, los ritmos distintos en la pareja, las reformas y actualizaciones de la casa, acontecimientos impredecibles, etc., nos fuerzan a reorientar continuamente lo que habíamos previsto.

Renunciar a los propósitos cuesta; pero aún resulta más penoso hacerlo cuando afecta a planes comunes, pues si es complicado sacar adelante lo propio, aún resulta más difícil preservar esos lugares, espacios o proyectos en los que los miembros de la familia, por fin, coinciden. 

Si no queremos acabar irritados unos con otros porque “cada uno va a lo suyo”, o peleados con la vida, por ponernos impedimentos para sacar adelante las propuestas y los sueños, lo mejor es empezar por no echar la culpa a los demás o a lo mal que está el mundo en general, porque probablemente la causa última de mi malestar se encuentre en no haber entendido o asumido que esto del vivir tiene mucho que ver con la paciencia, con la renuncia a uno mismo, y con un reajuste continuo en la manera de entender la existencia. 

Los imprevistos no tienen como objetivo desbaratar los planes; simplemente forman parte de la vida, y nos recuerdan que no todo se puede prever, ni mucho menos controlar. Cierto es que algunos cambios son atribuibles a una mala planificación o a una falta de generosidad por parte de todos, pero no siempre es así. Por eso debemos cultivar un espíritu de apertura que nos ayude a acoger la persistente inestabilidad de las cosas, con resignación, tranquilidad y buen ánimo, para no cerrarle el paso a los acontecimientos que se presentan y en los que tenemos algo por descubrir, pues “sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rm 8,28). Si estamos convencidos de esto nuestro rictus de contrariedad desaparecerá y transmitiremos paz. 

 

María Dolores López Guzmán

Publicado en R21

Febrero 2018