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“El Espíritu Santo”

Tronco de Vid

¿Cómo expresar con la madera el carácter incontrolable del Espíritu, y su semejanza al fuego o al agua? Este pequeño tronco de vid lo hizo posible.

Jesús es la vid (Jn 15), el Espíritu es la savia, nosotros los sarmientos…Una madera con grietas, con años de secado, con forma parecida a una llama de fuego, agujereada. El Espíritu emerge por las grietas de nuestra vida. Donde parece que no hay salida, Él busca huecos por donde salir y darnos un poco de luz.

Lleva la túnica azul, símbolo de la humanidad, porque nos lleva consigo, y nos arropa con el manto verde, símbolo de la esperanza –El Espíritu te cubrirá con su sombra (Lc 1,35), color también de la cinta con la que ciñe su cabello. Porque la esperanza es propia de Él. Las alas tienen forma de fuego. Porque nos insufla ánimo, y nos transmite pasión por el Reino y por la causa de Dios. Sus manos nos están invitando a adentrarnos en la esfera de Dios.

Los ojos miran al infinito porque está vinculado constantemente al Padre y al Hijo. Nunca actúa por su cuenta, y su misión es comunicarnos el amor incesante y maravilloso entre ellos. Y nos invita a mirar al cielo, que es nuestro destino. La boca cerrada nos anima a adentrarnos en el silencio, para contemplar mejor. Y la nariz fina y larga evoca la respiración, el aliento vital, Él mismo.

El icono lleva escrito el nombre del Espíritu –Ruaj– transcrito del hebreo, lengua en la que Espíritu es femenino, por eso el rostro evoca suavemente a una mujer.