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Opiniones

El mito del adn

By 25 de septiembre de 2023No Comments

Todavía está dando que hablar la negativa de Julio Iglesias a someterse a la prueba de paternidad que Javier Sánchez Santos le reclama, dice, por justicia y reconocimiento de la verdad para su madre. También las de personajes como Pepe Navarro o el rey emérito Alberto II de Bélgica.

Los test genéticos están de moda. Desde que en 2001 se publicó por primera vez la secuencia completa del genoma humano, el interés por este tema no ha hecho más que crecer. Es curioso que confiemos a ciegas en el conocimiento que la ciencia aporta sobre nosotros mientras olvidamos que la exploración interior desde la meditación y el silencio no solo es necesaria, sino que nos ayudaría a valorar y enmarcar mejor lo que la ciencia aporta.

No cabe duda de que hay información que puede cambiarnos la vida como conocer la probabilidad de padecer ciertas enfermedades, o identificar nuestros vínculos de parentesco. Pero de ahí a pensar que esa prueba nos va a solucionar la existencia cual bálsamo de Fierabrás, va un abismo. Hacerse una doble mastectomía para reducir el riesgo de padecer cáncer de mama no significa que no se vaya a sufrir ningún tipo de enfermedad el resto de la vida; encontrar rastros de ADN en la escena de un crimen puede ayudar a esclarecerlo, pero no quiere decir que cuando se encuentre al culpable éste vaya a pedir perdón o a colaborar con la justicia para reconstruir los hechos; tampoco la prueba de ADN que determina la paternidad repara totalmente –aunque sea un paso necesario– a un hijo que ha sufrido el abandono de un padre.

La información que aporta el ADN, bien utilizada, ayuda a aproximarnos a la verdad y ésta es sin duda imprescindible tanto para establecer relaciones auténticas como para avanzar en la reconciliación. No obstante, es importante no mitificarlo, pues si los datos que transmiten la ciencia no van acompañados de algo más, enseguida se nos quedarán pequeños. Los tribunales pueden dictar sentencia en conformidad con esa verdad, pero en una demanda por paternidad, en la reclamación de una herencia, o en el descubrimiento de hermanos desconocidos, las relaciones familiares deberían ir mucho más allá. Pues el afecto, que no va incorporado a los genes, es lo que está llamado a llenarnos el corazón con más fuerza que el dato incuestionable. Ahí está nuestro San José, que no necesitó el mismo ADN que Jesús para salvarle la vida y cuidarle como un padre.

 

María Dolores López Guzmán

Publicado en R21

Junio 2019