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Opiniones

A las 11 en casa

By 25 de septiembre de 2023No Comments

Un hombre recién separado, con su nueva mujer; los hijos de la anterior relación que conviven con ellos; la ex que continuamente llama a la puerta; y risas enlatadas. Este era el punto de partida de una serie de la década de los noventa que narraba en clave de humor, las andanzas y enredos de una familia moderna con hijos adolescentes. Tuvo bastante éxito a pesar de que lo más acertado de la serie fuera el título –“A las once en casa”– que condensaba en cinco palabras uno de los puntos de conflicto más universales en toda familia donde hay adolescentes.

Mal que nos pese a los padres, la experiencia demuestra, tozuda, que por más que busquemos soluciones no lograremos evitar las discusiones sobre este espinoso asunto de la hora de llegada a casa; porque el criterio de los padres respecto a este tema (y otros muchos) difícilmente coincide con el de los hijos. Para no entrar en pánico resulta altamente recomendable aceptar que en toda convivencia, por mucho diálogo que exista, la confrontación va a ser inevitable. Paradójicamente, asumir que donde hay dos seres humanos (e incluso uno solo consigo mismo) hay conflicto, conduce a un estado de cierta tranquilidad. Porque ya no nos situaremos en la vida ante un ideal al que identificamos ingenuamente con la calma absoluta. Que haya problemas en casa no quiere decir que estemos haciendo las cosas mal. Ni por no llegar a acuerdos que nos convenzan somos los últimos de la cola en el escalafón de los “padres-colegas”; ni por darles un voto de confianza con el que ellos puedan decidir ganamos el título universal de “guays”. Este asunto no es un problema matemático y, como tantos otros, no tiene soluciones claras.

Como dice mi padre, los tira-y-afloja forman parte de “los goces de la paternidad”. Y puede que, a pesar de la ironía, tenga razón. Que el secreto esté en no olvidar lo que significa ser padres: configurar una parte principal de la vida en torno a las necesidades de nuestros hijos; y amarlos con un amor que tiene por bandera la paciencia; que pone límites para que puedan madurar; y que sabe que el hecho de querer no quiere decir estar en posesión de la verdad (por eso siempre hay que estar dispuestos a escuchar). Y entonces sí, uno puede gozarse en amar.

María Dolores López Guzmán

Publicado en R21

Febrero 2019