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Cristo Incompleto

Madera de abedul

Sobre una cruz franciscana de abedul -un árbol muy apreciado por sus cualidades medicinales- emerge el rostro y el torso de Jesús en la cruz donde destacan su mirada y el costado abierto, dorado, porque dice algo importante de Dios, y ensangrentado.

La cruz franciscana, con forma de “T” (la taw hebrea), era el signo preferido del santo de Asís y me pareció el lugar apropiado para este icono por el significado que porta. En hebreo antiguo la taw, última letra del alfabeto, la usaban como firma los que no sabían escribir. También era una señal protectora, y la marca que hicieron con sangre en las jambas de las puertas los israelitas la noche de la liberación de Egipto, así como símbolo de conversión tal y como narra el profeta Ezequiel. Algunos piensan que el hábito de san Francisco tiene también esa misma forma cuando se extienden las mangas con los brazos en cruz. Quien vive bajo el signo de la conversión (tau), queda marcado como siervo de Dios.

El icono representado es Cristo “incompleto”, en la cruz, que nos invita a volver a Él y a completar su obra. San Pablo así lo entendió, y vivió los sufrimientos que le trajo el seguimiento del Señor como una manera de completar la Pasión de Cristo (Col 1, 24).

En la representación de Jesucristo destacan: el rostro rodeado por el nimbo, dorado y bruñido, luminoso, como símbolo de la luz de Dios; la mirada -abierta, limpia y llamadora- con la que uno se puede encontrar esté donde esté; y el costado abierto y sangrante, lugar teológico por excelencia. Concha Camacho rscj, Superiora General de la Sociedad del Sagrado Corazón desde 1970 a 1982, entendió como pocos el significado de ese costado abierto. Sus palabras llenas de sabiduría conmueven y enseñan:

“Muchas hemos hecho del «estar abiertos» una etiqueta gloriosa relacionada con el cerebro más que con el corazón:  entender las últimas ideologías, comprender el cambio, conocer las exigencias de la juventud….  Pero tener el «costado abierto» es algo más costoso, porque la entrada es libre y puede resultar incómodo, puede permitir al otro, al distinto, entrar y quedarse, ocupar un lugar, exigir un cambio, mendigar amistad, permitirle entrar con ideas distintas, con cultura distinta, con su debilidad, sus preocupaciones, su sufrimiento…. y si entra, quizá nos obligue a salir para buscar más comensales.

Una lanza «abrió el costado de Dios» y quedó abierto…. no podía quedar cerrado….

Tener un corazón como el Suyo puede significar un corazón con derecho de entrada, para el extranjero, para el débil, para el enfermo, para el perseguido político, para el herido por la guerra, para el pequeño, para el hermano que piensa distinto.

Y un corazón abierto, como el de Dios, deja también salir la sangre y el agua, la ternura, la amistad, el don total”.