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Opiniones

Ajuste de sueños

By 25 de septiembre de 2023No Comments

“Cuando tenga un hijo no haré lo que hacían mis padres que tanta rabia me daba, le escucharé con paciencia, lo dejaré libre para que sea feliz y haga lo que más le gusta, y lo apoyaré para que elija lo que quiera”.

La vida, sin embargo, se encarga tarde o temprano de desmontar estos deseos tan bienintencionados como poco realistas. La paciencia tiene límites; la libertad, condicionamientos ambientales que están más allá de nuestras manos; y la capacidad de elección está sometida a las cualidades reales del hijo y a las oportunidades concretas que la sociedad puede brindar según el momento político social. No es nada fácil educar y ajustar las expectativas sobre los hijos, ni tampoco sobre nosotros mismos respecto a nuestro rol de cuidadores y responsables de su crecimiento. Hay que enfrentarse a muchos miedos y llegar a palpar los límites propios y ajenos hasta reconocer que, quizás, nuestros padres y las generaciones precedentes no lo hicieron tan mal, y que vamos demasiado sobrados y con un espíritu excesivamente triunfalista ante uno de los retos más difíciles: enseñar a otros a vivir. Y a vivir se aprende viviendo, afrontando problemas, cometiendo errores, probando el corazón, ajustando sueños; y para eso no existe un manual que nos indique la dirección exacta, sino consejos y orientaciones que siempre habrá que adecuar. No hay dos hijos iguales y cada uno tiene su propia historia y necesidad. Todo principio educativo requiere adaptación personal. “¡He hecho lo mismo con todos y sin embargo… qué diferentes son!” Pero es que nunca hacemos exactamente lo mismo, ni el receptor puede responder igual. Nuestro tono de voz varía, la mirada contiene infinidad de matices, cada momento va acompañado de un contexto. Nada es igual. Ya decía Heráclito que no nos bañamos dos veces en las aguas de un mismo río ni siquiera una vez. Siempre es tiempo de aprender, y de tomar conciencia de que a la vida no la podemos controlar. Por ello, para no andar continuamente enfadados porque las cosas no salen como nos gustaría, lo mejor que podemos hacer es acoger esta existencia como es, y disponernos a acompañar con un amor a prueba de “ajustes” a los hijos en sus elecciones y a nosotros mismos con nuestros aciertos y errores. Si Dios nunca se rinde, nosotros tampoco.

 

María Dolores López Guzmán

Publicado en R21

Octubre 2018