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Opiniones

La comunión que nos espera

By 25 de septiembre de 2023No Comments

Los tiempos cambian que es una barbaridad. Cada vez se dan más casos de personas que se bautizan en edad adulta, y que, consecuentemente, acceden tardíamente a la Comunión. Sin embargo, la imagen prevalente asociada a las comuniones en el mes de mayo es todavía la de los grupos de niños y niñas de primaria acudiendo al altar con sus túnicas blancas acompañados por las miradas embelesadas de sus padres, madres, hermanos y abuelos. Una fiesta de ilusión y de regalos variopintos. Es verdad que, en medio de tanta algarabía y tanto jaleo, siempre se encuentran familias que tratan de vivir este acontecimiento con sencillez y espíritu evangélico. Un heroico ejercicio de contención con el que tratan de ir a lo esencial y de transmitir lo importante.

Sin embargo, merece la pena prestar atención a estas primeras comuniones “a destiempo”, es decir, las que se producen en otros momentos vitales, por el valor que tienen y el impacto que dejan. Una celebración de esta naturaleza no dejará indiferente a la comunidad que tenga el privilegio de vivirla. La fecha en que suceda quedará grabada en la memoria de los asistentes y nunca se convertirá en una actividad más entre las múltiples de nuestra atareada existencia.

Estamos tan acostumbrados a escuchar que la Eucaristía es un sacramento de iniciación que olvidamos que también lo es de plenitud. El Concilio Vaticano II ya dijo que no solo era fuente de la vida cristiana, sino la cima de toda una vivencia y de un camino. Tomar en la infancia el pan y el vino consagrados anima, fortalece, y es signo de la gratuidad de Dios (Él se nos da totalmente seamos como seamos); pero comulgar después de un arduo proceso de búsqueda, sin referentes familiares, y vivirlo como el culmen de un descubrimiento de amor, y de una profunda experiencia de unión con Dios, es extremadamente conmovedor. Un acontecimiento que, para quienes lo presencian, sanea y remueve, porque nos recuerda la atonía con la que recibimos muchas veces al Señor.

La primera comunión de un joven evangeliza, porque es un acto de valentía y de fe; y hace temblar los corazones de los asistentes. Si estas son las comuniones que nos esperan, recibámoslas contentos: alimentarán nuestra fe y aumentarán la esperanza al hacernos ver que ese Señor que a veces no encontramos, siempre nos espera.

 

María Dolores López Guzmán

Publicado en R21

Mayo 2019