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Has guardado el vino bueno hasta ahora

Madera de abedul

Este icono que representa la boda de Caná (Jn 2,1-12) está realizado sobre madera de abedul, el árbol que representa la primavera; también conocido en los pueblos antiguos como el árbol de la luz.

La elaboración del icono ha seguido las pautas de la tradición teológica y espiritual de la Iglesia: Los colores, a través de su carácter simbólico, ayudan a penetrar en el Misterio que se representa y el oro expresa que lo que ahí aparece pertenece a la esfera donde reina Dios, un lugar sin sombras. También aparecen los nombres de los personajes principales: en el nimbo de Cristo hay inscritas tres letras griegas (O WN) que significan “El que es” (Ex 3,14) y, fuera de él, IC XC, abreviación en cuatro letras del nombre en griego de Jesús Cristo.  Junto a la aureola de la Virgen, también está escrito su nombre, el que remite a su misión principal: Madre de Dios (ΜΡ ΘΥ).

María aparece con sus manos extendidas: entregando al Hijo, y recibiendo la nueva vida de Él que brota del costado abierto, de lo más profundo de su ser, de donde salen el agua, símbolo del bautismo, y la sangre, de la eucaristía.

El Crucificado tenía que formar parte esencial del marco en el que poder comprender lo que sucedió en Caná: agua y vino, bautismo y eucaristía. El vino nuevo, el pueblo nuevo… la Iglesia. Por eso el Crucificado bendice con su mano la casa que representa a esa Iglesia que hace de marco también, y que es el hogar de la familia de los hijos de Dios.

Por último, un hombre y una mujer (la humanidad entera) trajinando para ayudar al Señor a hacer la transformación del agua en las tinajas de piedra, las que se usaban para la purificación según la costumbre de los judíos. Y eran seis, el número que se asocia al hombre, porque el ser humano fue creado en el sexto día de la creación. También es el número que representa la imperfección y el trabajo, frente al siete, que expresa la plenitud y el descanso.

Solamente cuando el hombre acepta a Cristo como su Salvador su vida, se completa. El ser humano es transformado cuando es henchido -como las seis tinajas- con la vida de Cristo, la Vida surgida de la muerte que nos une a Él, indisolublemente, por toda la eternidad. Había que esperar a Jesucristo para probar ese vino inigualable.