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Opiniones

Estrés navideño

By 23 de agosto de 2023No Comments

La aparición de los turrones en el súper o la venta de lotería, ya no marcan el inicio de las fiestas. Son las luces de Navidad en las calles. Bonito símbolo, tan trivializado. El encendido se ha convertido en el pistoletazo de salida de un maratón de eventos, comidas, compras y encargos a los que se suma el encaje de bolillos de la conciliación familiar (laboral y de coincidencia de toda la parentela, comunidad incluida). Tener que atender tantos frentes y no poder llegar a todos genera más de un estallido de nervios. ¿En qué se quedaría esta navidad sin ese “relleno” de desenfrenada actividad aderezado con un nivel de estrés más elevado de lo habitual? 

Lo paradójico de esta situación es que la familia, por cuya importancia supuestamente entramos en ese vertiginoso ritmo, termina aún más expuesta que antes al consumismo y la presión ambiental. No es extraño que a medida que avanzan los días se acaricie el deseo de la vuelta a la normalidad. Que se lo pregunten a padres y madres. Resulta agotador mantener el espíritu festivo día tras día. Casi imposible no rendirse al cansancio y al sueño en las misas del Gallo y Año Nuevo.  

Saber celebrar es difícil; saber celebrar la Navidad, aún más. Porque esa tensión extra que se asocia al jolgorio se percibe como positiva; mientras que la genuina sencillez de lo cotidiano resulta demasiado rasa. Pero la buscada sobredosis de marcha y el barullo no consiguen neutralizar los sinsabores y las tristezas. 

Y así, sin darnos cuenta, llega la Navidad. Precisamente para rescatarnos de esa vorágine e invitarnos a celebrar la vida, la de verdad, la que nos resulta demasiado insípida porque hemos perdido la capacidad de saborear. Tan preciosa a los ojos de Dios como pobre a los nuestros. ¿Y a qué nos invita realmente?

A celebrar que el estrés no es navideño, mientras que lo real está plagado de posibilidades: porque existe un Dios que se hizo presente, de carne y hueso, por amor a nuestra simple existencia; porque a este Señor infinito, le importan menos que a nosotros, las limitaciones, y no se enfada con nuestras torpezas; y porque con su venida ha mostrado que hay esperanza para las ausencias. Podemos estar juntos, si no físicamente, sí de otra manera. Dios se une a nosotros, y nos une, aquí o allá, en torno a la misma mesa.

 

María Dolores López Guzmán

Publicado en R21

Diciembre 2017