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Vocación al infinito

Icono de la Virgen Platytera

Madera de olivo

La palabra evangélica que encabeza este escrito es “Infinito”; porque la Virgen Platytera es la que nos muestra que ella abarca los cielos. El nombre completo es “Platytera tou Ouranon”, es decir, “Más amplia que el cielo”, “Más espaciosa que los cielos”. El Hijo que descendió para alojarse en ella era Dios, Eterno, infinito. Y cupo en ella. Por eso se representa en un medallón, saliendo y habitando en María.

Los dos llevan el aura o nimbo, dorado, que representa la realeza de Dios, ya que se trata de un metal precioso que no se oxida y anuncia de este modo las realidades que no caducan.

María lleva la túnica azul, el color que simboliza la realidad terrestre (porque ella es criatura de Dios); y el manto rojo, que la cubre, la realidad celeste; porque a partir de la Encarnación ha quedado envuelta en el Misterio de Dios como Madre del Señor.

La postura de la Virgen es orante, con los brazos extendidos para recibirlo todo de Dios y, al mismo tiempo, ofrecérselo todo. Sin aferrarse a nada, ni siquiera al Hijo.

El Niño lleva una túnica blanca que recuerda la Transfiguración, con una faja vertical de oro. La faja se inspira en la imagen del Apocalipsis: “Al volverme, vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros a un Hijo de Hombre, vestido de una túnica de talar, ceñido al talle con un ceñidor de oro” (Ap. 1,13). Con esta vestimenta se nos recuerda que en este Niño descansa la Sabiduría de Dios, porque es la túnica propia de los maestros. Y en el segundo círculo aparece IC XC, abreviación en cuatro letras del nombre en griego de Jesús Cristo. Nuestro Salvador. A quien debemos escuchar siempre. Sabiduría de Dios.