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En Nazaret

Icono de la Sagrada Familia

Madera de pino y rodaja de olivo

La madera de pino es muy cotizada. Tiene un gran potencial porque se le puede dar muchos usos. Trae a la memoria el taller de José, que era un artesano y un manitas.

La composición del icono es sobria. Un fondo ocre dorado (el pigmento que más se acerca al oro), sin más, para evitar distracciones. Y ellos tres, José, María y el Niño; los auténticos protagonistas, los que nos enseñan a ser familia. Una vocación divina.

Nazaret simboliza la vida oculta, sencilla, una invitación continua a vivir lo cotidiano de forma extraordinaria.

Resalta la relación especial a tres, llena de armonía, de hogar e intimidad entre José, María y Jesús. El recorrido de la contemplación puede hacerse de dos maneras: Una primera, fijándonos antes en el Niño que nos mira, y que,  con su mano, nos conduce a la Madre, y ésta a su vez nos conduce a José, que se apoya en ella… y ella en él; una segunda, haciendo el camino inverso, primero encontrarnos con José, que con sus ojos nos lleva a María, y ella nos conduce al Hijo.  En las dos lecturas queda plasmada la circularidad del amor.

Los tres llevan el aura o nimbo, dorado, que representa la realeza de Dios, ya que se trata de un metal precioso que no se oxida y anuncia de este modo las realidades que no caducan.

María lleva la túnica azul, el color que simboliza la realidad terrestre (porque ella es criatura de Dios; y el manto rojo, que la cubre, la realidad celeste; porque a partir de la Encarnación ha quedado envuelta en el Misterio de Dios como Madre del Señor.

José, el hombre del que se dice que era justo, tiene una túnica azul, como María; porque es criatura de Dios; y un manto verde, el color propio del Espíritu Santo. Porque lo escuchó y le siguió. Junto a él, su nombre. Un icono nunca está terminado sin los nombres, porque ellos guardan la misión de cada persona.

El Niño lleva una túnica blanca que recuerda la Transfiguración, con una faja vertical de oro. Con esta vestimenta se nos recuerda que en este Niño descansa la Sabiduría de Dios, porque es la túnica propia de los maestros.

Las manos ocupan un lugar primordial en el icono. José sostiene, María acaricia, Jesús se deja abrazar por los dos y se aferra a su Madre. Suavidad y dulzura en los tres. Confianza y entendimiento sin palabras. No hace falta hablar. Por eso en los iconos los personajes tienen la boca cerrada, para invitarnos a contemplar y a adentrarnos en el silencio, lugar privilegiado para bucear en lo profundo.