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El Magníficat es el Cántico de María (Lc 1,46-55), donde expresa, a ritmo de alabanza, la alegría por las obras absolutamente maravillosas de Dios que ella ha visto y oído, en la tradición de su pueblo, y en sí misma (en su propio cuerpo y su alma). 

La primera experiencia de fe es la alabanza. Del reconocimiento de lo que el Señor hace por nosotros –siempre bueno y liberador–nace el canto. En este himno es interesante fijarse en los verbos: Una acción de María (proclamar), y el resto, de Dios (poner los ojos, hacer obras grandes, desplegar, dispersar, derribar, exaltar, colmar, despedir, acoger, acordarse). 

La vida espiritual comienza con el asombro ante las obras de Dios.

La transcripción del texto está hecha sobre pergamino auténtico, como en tiempos antiguos, que exige un largo y lento proceso de elaboración para curtir bien la piel del animal. El pergamino fue el “contenedor del saber” en la Edad Media y tiene una resistencia al tiempo muy alta. Un buen soporte para alojar “las cosas de Dios” que duran por siempre.

La capitular “P”, tiene un trasfondo dorado porque es el anuncio de la grandeza de Dios que se va a exaltar. Y la letra utilizada en el manuscrito es la Gótica Rotunda, escrita a golpe de plumilla, que data del siglo XIV y tuvo gran aceptación en la Península Ibérica, especialmente en el Monasterio de Guadalupe (Cáceres). Majestuosa por su sencillez, adquirió gran relevancia en obras litúrgicas y cantorales. Por eso me pareció tan apropiada para que sirviera de canal de expresión de la alabanza de María.

La composición del texto, en forma de cascada, cae como lluvia sobre María que la recibe con los brazos abiertos; una forma de transmitir que todo procede de Dios, y que la última raíz del canto, es suya. Como diría san Ignacio de Loyola: “vos me los disteis, a vos, Señor, lo torno, todo es vuestro”. María recibe, y da.

La imagen de María escogida es la de la Virgen del Signo o Virgen del Camino. En su vientre, el Niño con ropajes ya de adulto, con la túnica (himatión) y el manto (chitón) como signo de dignidad senatorial e inteligencia. También lleva la banda vertical dorada que representa la alta dignidad de Cristo y su perfección humana. El que nace es la Sabiduría de Dios.